La décima edición del Festival de la Salsa bajó el telón en La Habana tras tres noches marcadas por el ritmo y la afluencia masiva de público. La cita reafirmó su peso dentro del calendario musical cubano.
El recinto del Club 500 volvió a convertirse en epicentro del baile popular. Allí confluyeron seguidores nacionales y visitantes extranjeros seducidos por el sabor caribeño.
La gala final estuvo dedicada a los 70 años de la Orquesta Revé, referente indiscutible del son moderno. El homenaje repasó clásicos que han marcado generaciones.
El escenario reunió además a voces emblemáticas como Iván «El Hijo de Teresa» y Haila Maria Mompié. Ambos desataron la euforia con interpretaciones coreadas de principio a fin.
El cierre alcanzó otro punto álgido con la energía de Alexander Abreu al frente de Havana D’Primera. La potencia de los metales estremeció a los asistentes.
El festival nació por iniciativa de Maikel Blanco y ha crecido hasta consolidarse como plataforma esencial para la música bailable. Su apuesta combina tradición y nuevas sonoridades.
Con un público entregado y artistas agradecidos, la despedida dejó altas expectativas para la próxima edición. La salsa, una vez más, demostró su vigencia y poder de convocatoria.

