La música afrocaribeña está hoy de luto tras conocerse la muerte del cantante puertorriqueño Sammy Marrero, una de las voces más influyentes de la salsa romántica y social. El intérprete falleció este domingo a los 84 años, dejando una huella imborrable en varias generaciones de seguidores del género caribeño.
La noticia fue confirmada por familiares cercanos mediante un mensaje difundido en redes sociales, donde destacaron el profundo amor del artista por la música y el vínculo especial que mantuvo siempre con su público. La partida del cantante ha provocado numerosas reacciones entre músicos, productores y admiradores, quienes recordaron su aporte decisivo al desarrollo de la salsa puertorriqueña desde finales de la década de los sesenta.
Aunque la familia no detalló las causas del fallecimiento, personas cercanas al entorno artístico señalaron que el cantante atravesaba un periodo delicado de salud durante los últimos meses. Con una voz sobria y elegante, Marrero se convirtió en una referencia obligada dentro de la salsa de contenido social, alejándose de estilos más comerciales para apostar por letras profundas y emotivas.
Su carrera artística quedó estrechamente ligada a La Selecta, agrupación dirigida por el maestro Raphy Leavitt, considerada una de las orquestas más influyentes de Puerto Rico. Durante más de cuarenta años fue el rostro principal de la agrupación, consolidando una identidad musical reconocible dentro y fuera de la isla caribeña.
Canciones como “Payaso”, “Jíbaro Soy” y “La Cuna Blanca” alcanzaron enorme popularidad gracias a la interpretación pausada y sentimental que caracterizaba al cantante. Precisamente “La Cuna Blanca” permanece como uno de los temas más sensibles de la historia salsera, asociado a una etapa dolorosa en la trayectoria de la orquesta.
La interpretación de Marrero permitió que muchas de esas composiciones trascendieran las pistas de baile para convertirse en piezas de reflexión y memoria colectiva. Nacido en el municipio de Coamo en 1942, el artista mostró interés por la música desde temprana edad y encontró en la cultura popular puertorriqueña una fuente permanente de inspiración.
Su estilo incorporó elementos de la tradición jíbara y del bolero, combinación que terminó diferenciándolo dentro de un panorama musical dominado por voces más explosivas. A lo largo de su carrera realizó presentaciones en numerosos países de América Latina y Estados Unidos, donde la comunidad salsera lo recibió como uno de los grandes intérpretes boricuas.
Tras la muerte de Raphy Leavitt en 2015, Marrero continuó participando en espectáculos musicales y homenajes dedicados a la historia de La Selecta. La noticia de su fallecimiento generó una ola de mensajes de despedida en redes sociales, especialmente de seguidores que crecieron escuchando sus interpretaciones.
Diversas figuras de la salsa destacaron su disciplina, humildad y capacidad para transmitir emociones sin recurrir a excesos vocales ni artificios escénicos. Con la desaparición física de Sammy Marrero se apaga una de las voces más representativas de la salsa clásica, aunque su legado seguirá vivo en la memoria musical latinoamericana.

