Si el montaje del Super Bowl siempre es un alucine, el espectáculo de medio tiempo protagonizado por Bad Bunny, con la participación de Lady Gaga, Ricky Martin, una orquesta de salsa, grupos folklóricos típicos y cientos de bailarines y figurantes, fue algo que quedará grabado en la memoria de todos durante mucho tiempo.
El escenario-pueblo montado en el Levi’s Stadium en Santa Clara, California, no solo fue un lugar para bailar. Fue una plataforma artística que sacó la música de reguetón y salsa del simple disfrute bailable para invitar a pensar. Una puesta en escena visualmente sorprendente y un recorrido por la alegría de un pueblo que, a pesar de las dificultades, mantiene su fuerza, su cultura y su celebración constante.
Ricky Martin, sentado bajo plataneras en una silla blanca de plástico, reivindicó la lucha desde dentro, recordando que no debemos huir de la tierra que nos vio nacer, sino pelear por ella con amor y orgullo. Bad Bunny subió a postes de luz al interpretar El Apagón: apagones reales, constantes, que son ejemplo de abandono del país chico por el grande.
Quienes critican la participación del “Conejo Malo” en la gran final del fútbol norteamericano, se han perdido el sentido profundo de este espectáculo. No se trata de partidos políticos, sino de amplificar la voz de un pueblo latino que históricamente ha sido pisado por quienes más poder tienen.
La mezcla de reguetón y salsa resultó una explosión de energía, representando un mundo completo: carrito de helados, venta de oro, callejones, dominó y techos que, inevitablemente, se derrumban. Perreo, coreografías de caderas serpenteantes, calientes como el sol caribeño, llevaron a la audiencia de un lado a otro, mostrando con orgullo y amor lo suyo: banderas de toda América ondeando sin jerarquías, sin amos ni esclavos.
Bad Bunny abrió con fuerza su set —que duró cerca de 13 minutos y fue transmitido a millones en NBC, Telemundo y plataformas digitales— con temas como Tití Me Preguntó, Yo Perreo Sola y Voy A Llevarte, integrando invitados sorpresa como Lady Gaga, por primera vez cantando una canción en inglés con arreglo salsero. Durante la actuación del puertorriqueño, también sonaron frases de canciones de la Reina. Celia Cruz, y el Gran Combo.
Momentos electrizantes y de celebración de la cultura latina en cada giro de ritmo. Sin detenerse un instante, cantó sus canciones y también las de sus antecesores en la música urbana puertorriqueña: Don Omar, Daddy Yankee o Tego Calderón.
En poco más de diez minutos no solo se creó un espectáculo musical impresionante, sino también una historia con mensaje: «nadie es extranjero en una tierra que históricamente ha sido robada». La música, pese a quien le pese, sigue siendo una forma poderosa de unión, resistencia y celebración.

