Sin comparsas no habría Carnaval: son la esencia rítmica y visual de la fiesta chicharrera. Junto a las murgas, representan el germen y la chispa que encienden cada año el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Qué orgulloso debe sentirse Manolo Monzón, fundador de la primera comparsa en los años sesenta, al ver cómo aquella reunión de amigos y vecinos se ha transformado en un espectáculo de altura.
Desde el cielo del ritmo, Monzón reivindica su acierto al inspirarse en sus propias vivencias rítmicas venezolanas y en las comparsas de Río de Janeiro. Estas influencias se integraron en lo que hoy, junto a las agrupaciones musicales, constituye lo más reconocible y exportable del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, declarado Fiesta de Interés Turístico Internacional en 1980.
La evolución ha sido notable: lo que comenzó como pequeñas parrandas con cuatro, bongó y maracas, se transformó en comparsas espectaculares con orquestas completas y músicos altamente cualificados. Su música poderosa acompaña a voces aficionadas pero afinadas, y a cuerpos de baile que convierten cada actuación en un auténtico show. Es imposible apartar la vista de ese despliegue de ritmo, color y energía.
A lo largo de los años, los grupos que surgieron tras Los Rumberos han mantenido su esencia: colectivos familiares, formados por amigos y vecinos, que viven una fiesta que sienten como propia. Sin embargo, el sonido y la puesta en escena se han profesionalizado, con repertorios afro-latinos fusionados y coreografías precisas que elevan el nivel de estas agrupaciones frente a otras expresiones carnavaleras.
Aunque sus raíces están en los ritmos caribeños y en las escuelas de samba brasileñas, hoy las comparsas reflejan también el calor humano de quienes han hecho de Tenerife su hogar. Venezolanos, colombianos, cubanos y dominicanos han enriquecido con sus vivencias festivas esta modalidad que, aunque nacida en Santa Cruz, resuena con ecos de todo el Atlántico.
Estos grupos de fuerte presencia también son el resultado de la diversidad cultural de las Islas Canarias. ¿Dónde podrían prosperar de mejor manera las inquietudes musicales, pies y caderas que nacieron en el Caribe que en los escenarios y calles de estas islas, donde el asfalto se transforma en plató televisivo y la batucada se convierte en festividad?
Son el color, el latido, la piel erizada y el suelo que tiembla. Después de que Los Cariocas ganaron, el siguiente evento será la exhibición callejera de los conjuntos que se enfrentarán para probar que no es necesario ser un profesional para brindar un espectáculo de calidad durante el Carnaval.
¡What a fucking big party! Que vivan las comparsas de Tenerife, corazón y alma del Carnaval de Santa Cruz.

